Los padres ante la educación afectivo sexual
La sexualidad es una dimensión importante de nuestra personalidad y una realidad que no podemos negar, ya que desde que nacemos somos de uno u otro sexo. La sexualidad impregna nuestra vida aunque se exprese de formas distintas dependiendo de las etapas de la vida o de las circunstancias individuales.
Como cualquier otro aspecto de la educación de los hijos e hijas, si queremos que éstos/as se desarrollen adecuadamente y sean personas autónomas, educar en la sexualidad también es una responsabilidad de la familia y no debéis dejar al azar ni esperar que la escuela, los amigos o los medios de comunicación lo hagan por vosotros. Es muy importante que cuando habléis con vuestros/as hijos e hijas sobre sexualidad, no desvinculéis este tema de todo un sistema de valores ni de las experiencias afectivas. Lo mismo que lo más adecuado es que se haga en un ambiente de comunicación basado en el cariño y el respeto.
Continuamente se hace educación sexual con los/as hijos/as de forma espontánea, no sólo en lo que se dice abiertamente sobre el tema, sino, también por lo que estáis transmitiendo con vuestras conductas, ya que sois modelo de imitación y de identificación para ellos/as. Por otro lado, la sexualidad no sólo tiene que ver con conductas sexuales, sino que también tiene que ver con aceptar y cuidar el propio cuerpo, con la autoestima, con distintas formas de comunicación y de relación o con manejar los riesgos.
Una forma de educar en la sexualidad es transmitir a los hijos e hijas un concepto de sexualidad que englobe estas tres funciones:
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Reproducción: para tener hijos cuando así se desee libremente y de forma responsable. |
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Placer: para disfrutar, sentir placer, relajarse, descargar tensiones, sentir bienestar. |
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Comunicación: para dar y recibir cariño, manifestar ternura y expresar lo que sentimos en las relaciones. |
Cuando vuestros/as hijos/as son pequeños/as, hasta los dos años, aproximadamente, es habitual que niños y niñas puedan tener conductas de estimulación como tocarse los genitales o frotarse con objetos porque descubren sensaciones agradables al hacerlo. Puede que si le véis haciéndolo os sorprendáis o que os asustéis. Sin embargo, estas conductas son normales y cuando las descubrimos, lo adecuado es no intervenir, siempre y cuando no supongan un peligro para ellos (hacerlo compulsivamente creando irritaciones o hacerlo con objetos punzantes...), las dejarán de hacer cuando otra situación les interese más.
En esta etapa es fundamental para el buen desarrollo de la sexualidad, la relación afectiva entre padres e hijos en todo lo relacionado con la afectividad y hacer que se sientan queridos (besos, abrazos, caricias, sonrisas...).
Debéis transmitir una educación no sexista y fomentar valores de igualdad entre niños y niñas haciendo que hijos e hijas colaboren en las distintas tareas domésticas indistintamente. Esto también es educar en la sexualidad.
Siempre que vuestro/a hijo/a os haga preguntas sobre sexualidad, DEBÉIS RESPONDER CON NATURALIDAD con explicaciones adecuadas a su edad y hacerlo desde una perspectiva positiva. Si no os pilla en buen momento, aplazad la respouesta pero nunca dejéis de dársela.
Cuando vuestros hijos/as son adolescentes, no penséis que ya tendrán la suficiente información porque la habrán adquirido a través de amigos, televisión, escuela... esta información suele ser escasa e inadecuada. Habladle sobre las decisiones sexuales que le esperan: la primera persona por la que se sienta atraído/a, los primeros contactos sexuales (besos, caricias...) y la primera posible relación sexual coital.
La información que le proporcionéis debe basarse en la responsabilidad que conlleva cualquier actividad sexual, por que debéis prepararle para que sea capaz de tomar decisiones meditadas y responsables y lo haga tomando precauciones.
Tened en cuenta que el hecho de hablar a vuestro/a hijo/a no significa que le estéis animando o permitiendo mantener relaciones sexuales, sino que le estáis ofreciendo información para que aprenda a enfrentarse ante estas situaciones y esa es vuestra labor.
Cuando vuestro/a hijo/a llegue a esta etapa, la masturbación será algo normal dentro de su desarrollo sexual a no ser que lo haga de forma compulsiva, le genere sentimientos de culpa o le impida tener relaciones sexuales con normalidad o quizá lo use para dismunir sentimientos de angustia o ansiedad, por lo que, en estos casos, habrá que averiguar si tiene algún problema que trata de "tapar" de esta manera.
La Fundación ANAR pone a disposición de los padres y las madres el Teléfono ANAR del adulto y la familia (91 726 01 01 y 600 50 51 52) y el servicio de Email ANAR para cualquier duda o consulta que tengáis sobre este tema. Estos servicios son confidenciales, funcionan 24 horas y están atendidos por un equipo de profesionales (psicólogos, trabajadores sociales y abogados).
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