Los educadores ante la sexualidad
La sexualidad forma parte del desarrollo normal del/la niño/a y adolescente. Desde la primera infancia el/la niño/a experimenta sensaciones placenteras al ser acariciado y besado y observa las relaciones de afecto y las actitudes sexuales de los adultos que le rodean, las cuales, en ocasiones, trata de imitar.
Así mismo durante el periodo prepuberal se establece la identidad sexual y el/la niño/a continúa recogiendo información sobre la sexualidad a partir de los amigos, maestros y la familia. Al iniciarse la pubertad, aumenta la preocupación por la sexualidad. En la adolescencia, es frecuente la masturbación y las fantasías sexuales, en ocasiones con compañeros del mismo sexo, motivando dudas sobre la orientación sexual con ansiedad y sentimientos de culpa. También se suelen producir los primeros contactos físicos (intercambios de besos y caricias) como una forma de exploración y aventura y más adelante se inician las relaciones sexuales que incluyen el coito.
En la actualidad se está proporcionando más información que en periodos anteriores en la escuela y en la familia sobre la sexualidad. La escuela puede ser un lugar adecuado para informar y educar sexualmente a los alumnos, ya que permite acceder a un elevado número de jóvenes, antes de que inicien una conducta sexual de alto riesgo, que una vez establecida sería difícil de modificar.
La familia y los profesionales sanitarios pueden reforzar actitudes y conocimientos sobre patrones de conducta sexual segura y responable enseñados en la escuela. Así, entendemos que la educación sexual es responsabilidad de padres, profesores, médicos u otros profesionales sanitarios.
Al educar en la sexualidad a los/as jóvenes, hay que tener en cuenta varios factores:
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Adaptarse al grado de madurez del/la adolescente. Puede haber diferencias importantes en el grado de madurez y desarrollo emocional entre unos/as y otros/as adolescentes aunque se encuentren en el mismo curso escolar y con la misma edad, por lo que es importante individualizar la educación sexual. |
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Procurar que las propias actitudes y valores de la persona que está educando en la sexualidad, no influya en la persona que va a recibir información sobre sexualidad. |
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Hay que tener en cuenta que no se debe enseñar a los niños/as y adolescentes a rechazar o reprimir las conductas que tradicionalmente se consideraban como propia del otro sexo, ya que cada vez son menos las conductas específicas de un solo sexo. |
La escuela puede ser un lugar muy adecuado para informar y educar en la sexualidad, ya que permite acceder a un elevado número de jóvenes.
Una estrategia poco utilizada pero muy eficaz, es el empleo de compañeros escolares especialmente entrenados para actuar como educadores en la materia. Esta manera de educar en la sexualidad, ofrece varias ventajas:
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Estos alumnos representan una fuente importante de información más creíble para los otros alumnos. |
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Pueden comunicar la información en el mismo lenguaje que usan los/las alumnos/as, por lo que les resultará más comprensible. |
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Pueden actuar como modelos positivos. |
En cuanto al papel de los profesionales sanitarios (médicos de familia, profesionales de los Centros de Planificación Familiar, etc.), pueden desempeñar un papel importante en la educación sexual de los/as adolescentes. Este profesional deberá tener en cuenta varias cuestiones:
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Es importante que este profesional tenga una formación adecuada para hablar con los/as chicos/as adolescentes para que éstos/as no se sientan tratados/as como niños/as. |
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Es necesario que les aseguren el derecho a la confidencialidad. |
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Habrá que dar información sobre los cambios corporales y emocionales que están teniendo e informarles también sobre los distintos métodos anticonceptivos para evitar embarazos no deseados así como la transmisión de ETS. |
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Es imprescindible la advertencia de la utilización adecuada y constante del preservativo en sus relaciones sexuales. |
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Fomentar una sexualidad responsable en la que se hable de la necesidad de que en la relación se de un plano de igualdad y de mutuo consentimiento, con total conocimiento de las posibles consecuencias y señalando que debe resultar placentera para los dos miembros de la pareja. |
La Fundación ANAR pone a disposición de los adultos que tengan cualquier consulta relacionada con un menor, sus Teléfonos del Adulto ANAR (91 726 01 01 y 600 50 51 52), así como su servicio de Email ANAR, a través de nuestra página web (www.anar.org). Estos servicios son confidenciales, funcionan 24 horas, todos los días de la semana y están atendidos por un equipo de profesionales (psicólogos, trabajadores sociales y abogados).
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