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Consejos ANAR sobre cómo hablar sobre problemas económicos

 

 

Se dan cuenta de tu preocupación y ansiedad. Crea un clima de calor de hogar, muestra disponibilidad y ofrece a tus hijos una actitud cercana para que te puedan hacer preguntas.

 

Aunque las cosas no vayan bien económicamente trata de trasmitir a tus hijos seguridad y confianza,  es importante para que se sientan protegidos. Intenta explicarles que de la adversidad también se puede aprender y “no hay mal que cien años dure” y de esto también saldremos adelante.

 

Aprovecha el momento para hablarles del desapego a las cosas materiales. Vivimos en una sociedad que propicia en exceso el consumismo, trata con ellos este concepto. Las cosas hay que cuidarlas porque cuesta mucho esfuerzo ganarlas, si cuidamos las cosas durarán más y gastaremos menos.

 

Si saben que lo más valioso es el amor que les une y que las cosas verdaderamente importantes como el cuidarse, quererse, ayudarse, no se compran con dinero. Inculca estos valores a tus hijos.

 

Con los demás adultos de la familia, cuidando especialmente que los niños no estén expuestos a información que no puedan asimilar, o que les haga sentir excesiva responsabilidad o culpa.

 

Cuando un problema muy grande puede nombrarse, se hace más manejable. Ante la desinformación, los niños pueden tener fantasías más catastróficas de la realidad y sufrir innecesariamente. Por ello, explica a tus hijos con calma y serenidad, los cambios que tendréis que asumir por un tiempo, mientras os recuperáis económicamente.

 

Proporciona a los niños sensación de normalidad y sobre todo les ayuda a sentirse seguros.  A su vez, los padres también pueden conservar una actitud más optimista frente a la sensación de caos que puede producir la crisis.

 

Si recurrimos a nuestros recursos, talento y creatividad para sacar la familia adelante, con actitud de esperanza frente al futuro, evitando instalarnos en la queja o el negativismo continuo, estamos dando ejemplo a nuestros hijos. Ellos aprenderán que las dificultades hay que enfrentarlas y a ser valientes frente a la adversidad.

 

Crea en tu familia el concepto de equipo. Si cada uno contribuye disminuyendo sus demandas, cuidando de los espacios comunes para que vuestras cosas no se estropeen y repartiendo entre todos las tareas, conseguiréis sentir que sois fuertes, que “sois una familia unida” y que las cargas pesadas están mejor repartidas, sobre la base de vuestro amor.

 

Aprovecha los momentos de convivencia con los niños para “desconectar” de tus preocupaciones económicas, o laborales…. Ellos necesitan tu atención y se lo merecen. A la vez, para ti será una oportunidad para recibir su afecto y para reforzar tus motivaciones, pues cuando los mires, recordarás que por ellos merece la pena luchar para salir adelante.

 

 

PÍDENOS AYUDA SI LA NECESITAS

Si llegas al límite de tus fuerzas, antes de perder el control: ¡PIDE AYUDA! Cuando los niños perciben tensión en el ambiente o irritación en los padres, lo registran como señales de peligro y reaccionan poniéndose irritantes, hiperactivos… incluso más desafiantes o agresivos, esto puede llevarte a perder el control. No lo permitas. Identifica tus señales de saturación y si crees que ya no puedes más, recurre a los abuelos, tíos o buenos amigos, para que te releven. Así evitaremos que surja la violencia o que el caos se generalice a toda la familia.

 

 

Ayúdanos a que tu hijo/a conozca el Teléfono ANAR de Ayuda a Niños y Adolescentes 900 20 20 10. Está atendido por psicólogos, apoyados por trabajadores sociales y abogados. Atendemos las 24 horas, todos los días del año. Es una línea segura: anónima, confidencial y gratuita.

 

Tú como adulto, también puedes encontrar asesoramiento psicológico, social y jurídico en el Teléfono ANAR del Adulto y la Familia 600 50 51 52.