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Guía sobre las relaciones personales para menores

Una relación es una situación de trato, convivencia, información y comunicación que se establece entre dos personas; independientemente de quiénes sean (padres, amigos, hermanos…).

Aprendemos a relacionarnos con los/as demás en la familia. Es nuestro primer escenario en el que nos comunicamos con nuestros padres y hermanos/as.

Es importante sentirse bien dentro de la familia, ya que todos necesitamos una referencia estable con la que contar en cada momento y, sobre todo, cuando tenemos algún problema. Así mismo, también es importante para ti, sobre todo en esta etapa de tu vida, sentir que perteneces a un grupo de amigos/as.

Queremos que tengas muy presente que la ADOLESCENCIA es un momento de la vida en que tienen lugar cambios a muchos niveles (físicos, psicológicos, de sensaciones…). Sientes la necesidad a veces de aislarte del mundo que te rodea y dedicarte sólo a tus pensamientos, fantasías e intereses.

Esta actitud, los padres a veces la viven como un alejamiento tuyo hacia ellos y puede darse un distanciamiento en la comunicación entre padres e hijos. Es precisamente en este momento en el que hay que tener muy presente qué se puede hacer para favorecer un clima de confianza.

Aunque tengas la necesidad de distanciarte físicamente de tus padres, sigues necesitando saber que van a estar ahí cuando les necesites y que vas a poder contar con ellos.

A pesar que haya días en que ni tú mismo/a sabes qué te está pasando y creas que sólo van a entenderte tus amigos/as, para tus padres es importante saber que sigues necesitándoles y teniéndoles en cuenta.

Te das cuenta que tienes problemas para comunicarte con las personas que te rodean (familiares y amigos/as) cuando:

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Discutes con tus padres casi a diario y con mucha frecuencia por cuestiones que hace un tiempo no eran tan importantes.
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Sientes que tus padres, de pronto, están en tu contra. No se dan cuenta que eres mayor y que tienes derecho a pedir nuevas libertades.
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Con frecuencia tienes la sensación que tus padres ya no te quieren como cuando eras pequeño porque no haces lo que ellos quieren. Y eso te hace estar siempre a la defensiva con ellos.
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Te sientes diferente a los/as demás. Crees que los problemas que tienes, sólo los tienes tú y a nadie más le ocurre eso.
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Tienes la sensación que tus amigos/as no cuentan contigo para hacer planes. Tienes sentimientos de soledad.
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Es frecuente que te cueste confiar en la gente que te rodea. Piensas que van a contar aquello que tú guardas sólo para ti. Por tanto, tiendes muchas veces a aislarte.

Para que exista un buen ambiente de comunicación en la familia, cada miembro debe aportar su “granito de arena”. Tú puedes hacerlo teniendo en cuenta que:

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Todos los miembros de la familia se merecen respeto.
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Es importante saber ponerse en el lugar del otro para entender lo que nos está diciendo y lo que está sintiendo en esa situación (es lógico que tus padres se preocupen si has llegado tarde y no les habías avisado). Para ellos también es duro ver que ya no cuentas con ellos como lo hacías antes y, sobre todo, tienen miedo a que te puede suceder algo malo.
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Comunícate con tus padres desde el respeto. Pide pero no exijas. Recuerda que si quieres que te traten como alguien que está creciendo y madurando, debes demostrar que es así. Pídeles que sean claros respecto a lo que esperan de ti para evaluar juntos si es posible cumplirlo.
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Demuestra que eres capaz de cuidar de ti mismo/a, que eres responsable con tus obligaciones y que te sabes divertir sin hacerte daño. De esta manera, tus padres se relajarán al ver que no es tan fácil que te ocurra nada malo y que, de ser así, ellos se enterarían por ti.
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Interésate por lo que pasa en la vida de los distintos miembros de la familia. Así todos sentirán que son importantes para ti y también lo harán contigo (¿seguro que sabes de verdad a qué se dedica tu padre o qué ocupación tiene tu madre?).
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Todas las relaciones necesitan tiempo para desarrollarse y mantenerse de forma satisfactoria. No es necesario una gran cantidad de horas pero sí que ese tiempo sea de calidad.
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Nunca hagas o digas nada a los/as demás que no te gustaría que te hicieran o te dijeran a ti.
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Muestra siempre respeto hacia la otra persona cuando hable. No anticipes lo que va a hacer, sentir o pensar y deja que se exprese.
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Aprende a expresarte desde los sentimientos sin culpar a los demás por lo que te está sucediendo. Si no contamos lo que nos pasa, los demás no tienen por qué saberlo. Las soluciones se encuentran mejor cuando todos/as nos sentimos tenidos en cuenta.
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Si hablas de lo que te preocupa con alguien con quien tienes cosas en común, verás que esa persona también se sincera contigo y tus problemas no te pesarán tanto.
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Las cuestiones que te resultan tan preocupantes no sólo te suceden a ti. Si eres capaz de compartirlas, verás que no estás tan solo/a como creías.

 

Si tienes problemas para comunicarte con los demás, ya sea en casa, en tu centro escolar o con tus amigos/as, es importante que te apoyes en algún adulto de tu entorno que te pueda ayudar a ver aquello que no estás viendo o a actuar de la manera más adecuada.

Puedes acudir a tus padres, a tus hermanos/as mayores y también en el centro escolar al que acudes, a tu tutor/a y al/la psicólogo/a orientador/a. Estos/as profesionales están para ayudar a los/as alumnos/as que tienen dificultades académicas pero también para apoyar a los/as que se sienten mal emocionalmente.

Si consideras que necesitas consultar sobre este tema con alguien que te pueda ayudar, puedes comunicarte con nosotros para buscar orientación y puedes hacerlo a través de nuestro servicio de Chat o Email ANAR, accediendo a través de nuestra página web (www.anar.org), rellenando el Cuestionario del Menor o bien llamando al Teléfono de Ayuda a Niños y Adolescentes en Riesgo (900 20 20 10), que es gratuito, confidencial, funciona 24 horas todos los días de la semana y está atendido por un equipo de profesionales (psicólogos, trabajadores sociales y abogados).