Fundación ANAR ha presentado el Estudio ‘Violencia intrafamiliar en la infancia y adolescencia según género: tipología, causas y consecuencias (junio 2020-junio 2025)’, elaborado por el Centro de Estudios e Investigación ANAR, con el apoyo del Ministerio de Igualdad. El estudio analiza los 27.138 casos de niños, niñas y adolescentes que sufrían violencia intrafamiliar y fueron atendidos por las Líneas de Ayuda ANAR entre junio de 2020 y junio de 2025, que ha experimentado un incremento del 75,2 % en este periodo. Para ayudarles ha sido necesario atender 373.926 peticiones de ayuda en el Teléfono, Email y Chat ANAR.
En el acto de presentación, han intervenido Benjamín Ballesteros, director de Programas y portavoz de Fundación ANAR; Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda de Fundación ANAR, y Sonsoles Bartolomé, directora del Departamento Jurídico de las Líneas de Ayuda ANAR.
Para Benjamín Ballesteros, “la primera instancia socializadora es la familia, siendo conscientes de que la violencia engendra violencia, debemos ser especialmente cuidadosos en la protección de nuestros menores de edad para asegurar su bienestar hoy y un futuro mejor para nuestra sociedad”.
En dos de cada tres casos están presentes el maltrato físico (34,9 %) y el maltrato psicológico (29,4 %) siendo las formas de violencia intrafamiliar más frecuentes. Les siguen el abandono (14,5 %), la violencia de género en el entorno familiar (10,7 %) y las agresiones sexuales (10,5 %).
En los cinco años de estudio han aumentado todos los tipos de violencia intrafamiliar. Destaca, sobre todo, el crecimiento de la violencia de género en el entorno familiar (237,4 %), las agresiones sexuales (116,6 %) y el abandono (97,6 %).
El uso inadecuado de la tecnología está presente en el 49,3 % de las situaciones de violencia intrafamiliar, incidiendo sobre todo en el maltrato psicológico y físico.
Con respecto al género, el 60,2 % de las víctimas son mujeres, especialmente presentes en las agresiones sexuales (80,8 %), en el maltrato físico (59,3 %) y psicológico (60,8 %). En relación con la edad, el 43,5 % de las víctimas tiene entre 13 y 17 años. Las víctimas de 9 años o menos suponen un 37,8 % del total y son más susceptibles de sufrir abandono y violencia de género en el entorno.
El estudio evidencia una especial vulnerabilidad de los/as menores de edad con discapacidad, que representan el 24,9 % del total, donde además hay una mayor prevalencia de hombres (66,4 %). En este colectivo, el maltrato físico y psicológico son las formas de violencia más frecuentes.
La violencia en la familia afecta al fracaso escolar, el 73,4 % de las víctimas tiene un rendimiento escolar medio o bajo. Estos porcentajes son más altos en los escenarios donde aparecen el abandono y el maltrato físico.
Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda ANAR, ha recalcado la importancia de la detección temprana: “según el testimonio de menores de edad que escuchamos diariamente, la soledad acompaña al niño, niña y adolescente maltratado. Viven en hogares donde sienten miedo, hay una situación que nadie sabe y nadie ve y en ocasiones les es muy complicado pedir ayuda. Por ello, la detección por parte de otras personas adultas del entorno es fundamental para ponerles a salvo cuanto antes. Hay que enfatizar la prevención y los factores de protección. El Teléfono y Chat ANAR garantizan un canal directo, seguro y confidencial”.

Cada víctima de violencia intrafamiliar ayudada por Fundación ANAR sufría 4,8 problemas de media.
La salud mental es el principal problema asociado a todas las formas de violencia intrafamiliar, con mayor impacto en la agresión sexual (63,2 %) y el maltrato psicológico (61,9 %). En el caso de las mujeres, la autolesión es el mayor predictor de violencia intrafamiliar.
Las distintas formas de violencia intrafamiliar suelen darse a la vez. El maltrato psicológico es el que más se asocia a otros tipos de violencia.
La persona agresora, en el 48,5 % de los casos se identifica que es el padre, en el 28,6 %, la madre, y ambos progenitores en el 12,2 %. El padre es el principal agresor en todos los tipos de violencia analizados. En las agresiones sexuales predominan claramente las figuras masculinas de la familia (padre, padrastro, primo, hermano, tío, abuelo, etc.), la participación de mujeres supone un 4,2 %.
El 36,2 % de las víctimas vive solo con su madre y el 30,4 % con ambos progenitores. Los datos reflejan la existencia de una mayor vulnerabilidad de las familias monoparentales encabezadas por mujeres, sobre todo por falta de recursos. También queda patente un mayor riesgo de abandono, agresión sexual y maltrato psicológico en las familias con un único progenitor/a.
Por otra parte, casi la mitad de las víctimas de violencia intrafamiliar (48,9 %) pertenece a familias migrantes, que tienen una representación significativa en los casos de maltrato físico, abandono y agresiones sexuales.
Las familias de las víctimas también están afectadas por problemas salud mental (44,5%). En los casos de abandono destacan las adicciones, la pobreza infantil y los conflictos por separación, custodia y régimen de visitas. Mientras que en el maltrato psicológico predominan los conflictos de separación y las dificultades de relación entre los miembros de la familia.
El estudio identifica factores de riesgo a nivel individual, familiar y social. Entre ellos: problemas de salud mental, consumo de alcohol y drogas, estrés por la crianza, uso inadecuado de la tecnología, familias con un solo progenitor sin apoyo, situación de desempleo o desventaja económica.
Cada tipo de violencia tiene también sus propios factores de riesgo. Las separaciones conflictivas, la violencia de género en el entorno, la pobreza infantil y las adicciones aparecen en varios de ellos. Además, el maltrato psicológico es un indicador temprano de que la violencia puede agravarse, y las niñas de 9 años o menos son especialmente vulnerables a la agresión sexual.
Entre los factores de protección destacan un temperamento adaptable y flexible por parte de la familia a la crianza, habilidades para resolver conflictos, tener apoyo familiar, participación de los padres y madres en la crianza y fácil acceso a los recursos y servicios comunitarios.

Los datos reflejan la cronicidad y severidad de estas situaciones. Más de seis de cada diez casos (64,4 %) ocurren a diario, y en el 77,6 % la violencia dura más de un año. Además, ocho de cada diez casos (83,3 %) tienen gravedad alta y siete de cada diez (70,9 %), urgencia alta.
Fundación ANAR prestó orientación psicológica, jurídica y social, la de mayor complejidad, en el 78,9 % de los casos. En el marco de la orientación jurídica y social realizó 69.750 derivaciones a recursos externos y tuvo que llevar a cabo 9.962 intervenciones en casos graves, destacando el incremento (87 %) de las intervenciones jurídicas.
Pese a la gravedad de estas situaciones, tan solo el 26,3 % de las víctimas había recibido tratamiento psicológico por parte de profesionales externos cuando contactó con Fundación ANAR.
Para Fundación ANAR, es importante que los niños, niñas y adolescentes conozcan sus derechos, entre ellos, vivir sin violencia y en un entorno seguro, que sea protector.
Sonsoles Bartolomé, directora del Dpto. Jurídico de las Líneas de Ayuda ANAR, incide en la importancia de que puedan aprender a identificar las distintas formas violencia: “en las Líneas de Ayuda nos damos cuenta de que hay tipos de violencia que tienen muy normalizada, como los insultos, la humillación o el aislamiento. Es fundamental que las reconozcan como tal para pedir ayuda”.
A las familias, recomiendan educar en el buen trato, respeto, empatía y comunicación, ejercer una parentalidad positiva estableciendo límites claros desde el afecto y en ningún caso a través del grito, el insulto o la descalificación. A los profesionales les insta a su formación continua para favorecer la prevención, detección precoz y la intervención integral y coordinada con el resto de profesionales implicados.
En lo referente a las instituciones, Fundación ANAR pide impulsar políticas de prevención, aumentar los recursos de apoyo a las familias y asegurar una atención psicológica especializada, rápida y con la periodicidad adecuada. Reclama además crear en todo el territorio los Juzgados de Violencia contra la Infancia y la Adolescencia previstos por la LOPIVI y reconocer la justicia gratuita para todas las víctimas menores de edad. Y, por último y muy importante, apoyar a las Líneas de Ayuda ANAR como canal estatal, accesible y universal, para dar cumplimiento en el artículo 17 de la Ley.
Benjamín Ballesteros ha concluido resaltando la importancia de que las familias se formen durante el periodo gestacional: “igual que nos preparamos y formamos para cualquier cosa que consideramos importante, como conducir un coche, tendríamos que tomar consciencia de que también debemos formarnos para lo que posiblemente sea de lo más importante que vamos a hacer en nuestra vida, tener un hijo/a”.